
En las escuelas los estudiantes hispanoamericanos eran libres. Había una serie de normas que tenían que respetar, la disciplina, pero los alumnos tenían que ser activos, podían hablar y debatir lo que ellos pensaban. También tenían que tener confianza en el profesor, intentar resolver todas las dudas para aprender mucho más y tener así un nivel más alto.
La enseñanza se caracterizaba por tener cuatro niveles progresivos y no era memorística , el alumno tenía que tratar de comprender el contenido de las materias. Era un aprendizaje práctico, los estudiantes investigaban en equipo e individualmente, por ello era una forma más entretenida de aprender. Tenían mucho interés por saber y el profesor les ayudaba.
La educación moral consistía en la evaluación de los compañeros y ellos mismos. Era un ambiente bueno, tenían que ayudarse mutuamente y evitar las competencias.

Las aulas eran muy acogedoras tenían grandes ventanales y un mobiliario elegante y provechoso. Las mesas y las sillas estaban diseñadas para facilitar su uso, siempre en armonía con la decoración. Se destaca la presencia de un gabinete de física e historia natural, dotado de material educativo, que vino de París para las actividades educativas. Las instalaciones poseían de un piano para impartir clases de música y solfeo.
La higiene fue uno de los aspectos de los que se tomó conciencia. Los profesores trataban de inculcar a los alumnos la importancia que tenia este aspecto, pidiendo la colaboración de los padres y de todos los medios que pudieran influir en la actitud del niño.

A cada estudiante se le solicitó una cartilla de salud en la que se recomendaban cosas como: «No se debe escupir en el suelo ni servirse de los pañuelos de bolsillo para realizar lo dicho, que conlleva el riesgo de contraer tuberculosis».
La agricultura empezó a considerarse como una más de las asignaturas importantes. Gracias a que la escuela se encontraba en un entorno agrario sujeto a la agricultura agraria fortalecido el conocimiento de los alumnos y de los padres. La agricultura podría haber sido un método eficaz para disminuir la migración, ya que era un medio de mejora y progreso. Los productos fueron distribuídos en los bares.

Las escuelas americanas tenían la intención de crear una enseñanza diferente, relacionada con la comunidad y el pueblo. Para ello, Manuel L. Lemos contribuyó la idea de crear en la escuela un taller de imprenta. Los beneficios que consiguieran serían para ayudar a los emigrantes de Buenos Aires. En la escuela había otros talleres además de la imprenta: en el taller de zapatería se hacían zuecos para los niños pobres y en el de costura se hacían los delantales. También había laboratorios donde se realizaban prácticas de meteorología y fotografía.








