
España está en medio de un proceso de llegada masiva de inmigrantes con altísima concentración de sudamericanos. Estos “sudacas” están transitando el camino inverso que recorrieron antes los españoles hacia sus países.
Su inserción no es sencilla y permanentemente salen a la luz pública múltiples expresiones de xenofobia y discriminación. La más general de todas ellas es la denominación de “sudacas”, término cargado de sentido negativo. La paradoja es que estos “sudacas” no son otros que los descendientes de los “gallegos” que fueron llegando al sur durante más de un siglo escapando de la miseria.
Parece que las generaciones estamos condenadas a repetir errores y que poco o nada se aprende del pasado; si se tuviera bien clara esta historia de la emigración española hacia Sudamérica, en el caso de Galicia especialmente a Argentina, entonces la manera como se acoge a los hoy inmigrantes sudamericanos seguramente sería muy diferente. Empezando por eliminar el contenido discriminatorio de “sudacas”, y la asociación de este calificativo con personas que llegan a quitar el trabajo a los peninsulares y a aprovecharse de la riqueza ibérica reciente luego que el país se integró a la Comunidad Europea. Los inmigrantes sudamericanos no son personas sin hábito de trabajo, de cualidad moral dudosa, que contaminan la población española. Esta lección obligatoria también debería incluir la descriminalización del inmigrante y el reconocimiento de sus derechos como seres humanos, tal como lo exigieron en el pasado los emigrantes españoles.
Han aparecido, además, fuertes expresiones xenófobas y racistas hacia los “sudacas” en España, cuyos protagonistas desconocen completamente el destino de cientos de miles de sus ancestros hacia América Latina, cuando huían de la miseria, de la violencia, de la persecución franquista, o de todas estas causas juntas.
El propio INE en su análisis de los datos sostiene que puede ser conveniente dividir los inmigrantes latinoamericanos en dos: el grupo que proviene de los países andinos (Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia) de los que provienen de países no andinos (Argentina, Venezuela, Uruguay, Paraguay, incluyendo también a Cuba, República Dominicana y Brasil). Las diferencias de estos dos grandes grupos son que entre los primeros predominan personas más jóvenes, con poca formación educativa, ocupan más bien trabajos no calificados, y tienen ciertos padrones parecidos a los inmigrantes provenientes de países poco desarrollados como los de África .
En cambio, los inmigrantes de países no andinos “muestran una cara muy diferente” porque predominan situaciones mucho más parecidas a los de inmigrantes de países desarrollados europeos, con personas más calificadas, mayores niveles educativos, una estructura familiar menos numerosa y con participación mucho menor en redes de asociaciones y de parentesco. En este caso la inmigración no se da tanto por la búsqueda de empleo, sino conjuntamente con la búsqueda de una mayor calidad de vida, entendida ésta de diversas formas: menor violencia, mayor consumo, más seguridad, estabilidad y confort.
No obstante, quienes desembarcan lo hacen con una “mancha inmigrante” y ocupan empleos calificables como “3P”: Penosos, Peligrosos y Precarios (el equivalente a las “3D” en inglés: Dirty, Dangerous, Demanding…
Es fundamental que las nuevas generaciones aprendan de una vez que los inmigrantes tienen derecho a expresarse culturalmente y vivir de acuerdo a su propia identidad, con los deberes que un sistema democrático impone. Finalmente, también debe reconocerse que los inmigrantes tienen derechos y no solamente deberes, derechos a participar en la riqueza que generan a través de políticas redistributivas, y derechos políticos para elegir quien los represente.
FUENTES:
Arocena, F: «Miseria, Generalísimo y…sudacas en Reflexiones sobre la España inmigrante y multicultural
Walter Actis, miembro del equipo de investigación Colectivo Ioé (Madrid) , Fernando O. Esteban, Dpto. Sociología y Comunicación, Universidad de Salamanca: Argentinos hacia España (“sudacas” en tierras “gallegas”): el estado de la cuestión











