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Trabajo Interdepartamental por Proyectos del aula de Educación Secundaria de Adultos. “No se educa a la mujer sino que se la doma…Cuando se cambie esto, la humanidad entera evolucionará.” Doña Emilia Pardo Bazán

LA IGUALDAD DE LOS SEXOS EN EL TRABAJO

Imagen en Dominio Público

Imagen en Dominio Público

Es curiosa la visión que Concepción Arenal tiene de la igualdad en el trabajo entre hombres y mujeres;  admite que una mujer puede ejercer cualquier profesión «siempre que no le exija  mucha fuerza física o sea contraria a la ternura de su carácter».

Así señala que la profesión más adecuada a la mujer es la del sacerdocio, pues para Concepción Arenal la religión es un «sentimiento» y según sus propias palabras: “la mujer es su más natural y fiel intérprete”.

 Una obra donde la educación ocupa un papel central es  La mujer del porvenir. Parte del reconocimiento de un hecho sangrante,  la mujer está excluida de trabajos dignos, y afirma con sarcasmo «se le reconoce aptitud para reina y para estanquera”,

de forma que la desprecian y desconfían los mismos que deciden por ella. Y esa valoración negativa de la mujer se debe, principalmente, a su deficiente o nula educación.

      La falta de educación limita a la mujer, empobrece su mundo, la hace vulnerable moralmente y la mantiene en una perpetua minoría de edad, sin que pueda alcanzar su plenitud como ciudadana. Y limitándonos a lo más básico, a ganar su pan, la deja expuesta a la explotación, sometida a los oficios peor pagados.

A su escasa formación se unen los obstáculos legales que impiden a las escasas mujeres que sí poseen la formación adecuada acceder a los puestos de trabajo mejor retribuidos, nos encontramos con que “en ninguna clase de la sociedad puede proveer a su subsistencia y la de su familia”.

Esto acaba empujando a muchas a la prostitución, e induciendo a otras a matrimonios dictados por el interés, con las desastrosas consecuencias que pueden esperarse.

Otras profesiones que la abogada ferrolana ve propias para el sexo femenino son la de farmacéutica, abogada, médica, maestra de escuela, catedrática, notaria y empleada.

Muy alejadas al sentir de la mujer están la judicatura y la profesión de las armas. La primera porque le costaría mucho sentenciar a un condenado a muerte y la segunda, porque es opuesta a su sensibilidad y compasión.

Tampoco defiende la concesión de derechos políticos a la española, porque la mentira y la intriga intervienen en el mundo de la política.

 Nuevamente vemos la lucidez y la modernidad de Pardo Bazán que comenta que muchas opiniones de Concepción Arenal en La mujer del porvenir son más sentidas que pensadas y que en ellas “domina un sentimentalismo y un romanticismo que no podían menos de corregirse cuando los años y la meditación hiciesen su oficio en tan clara inteligencia como la de la señora Arenal”.

Fuentes:

Arenal, C.: La Mujer del Porvenir, Artículos sobre las conferencias dominicales para la educación de la mujer, celebradas en el Paraninfo de la Universidad de Madrid, Sevilla-Madrid, Eduardo Perié-Félix Perié, 1869.

Arenal, C.: La mujer de su casaMadrid, Gras y Compañía Editores, 1883

 

 

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