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Proyecto colaborativo internacional sobre los movimientos migratorios a lo largo del s. XIX y XX entre Argentina y España.

Seoane y Díaz Pardo: “El Laboratorio de Formas”

             

Fuente Imagen: www.wikipedia.org

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Fuente Imagen:  Seoane y Díaz Pardo. Foto de Blanco Amor

Fuente Imagen: Seoane y Díaz Pardo. Foto de Blanco Amor

 Luis Seoane                                                       

La peripecia vital e intelectual de Luis Seoane no supone tanto el esfuerzo de llevar a cabo una obra

amplia y coherente, como la voluntad de devolverle a la plástica y al pensamiento gallego la dignidad perdida por los años de aislamiento y atraso: una creatividad apasionadamente comprometida con su tiempo. 

La vida de Luis Seoane (Buenos Aires 1910-A Coruña 1979) fue un largo viaje a través del siglo XX. Formado en la época de la dictadura de Primo de Rivera, luchador en los años de la República, huido en 1936, organizador y promotor de la vida cultural en el exilio, viajero por el mundo y atento a los múltiples discursos que iba generando su época, Seoane fue testigo de excepción de este siglo agitado y convulso. Su obra, vasta y diversificada, su pensamiento abierto, sus iniciativas, lo convierten en un personaje destacado en el panorama de la cultura gallega y española del siglo XX, que ayudó a construir con su esfuerzo, su talento y su compromiso.

Fuente Imagen: museobelasartescoruna.xunta.es

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Isaac Díaz Pardo:                                                       

El tercer hijo del matrimonio formado por Antonia Pardo Méndez y el cartelista, pintor y escenógrafo Camilo Díaz Baliño, Isaac vino al mundo en la residencia de sus padres, la llamada “Casa da Tumbona”, situada en la compostelana calle Das Hortas. Cuando nació Isaac, Camilo Díaz acababa de trasladarse a Santiago para trabajar como escenógrafo para la empresa Fraga. La casa familiar, donde se encontraba también el taller de escenografía de su padre, era un punto de encuentro para artistas e intelectuales de la época como Castelao, Vicente Risco, Otero Pedrayo, Eduardo Blanco Amor o Ramón Cabanillas. En aquel ambiente se hablaba de muchas cosas, pero sobre todo de arte y de política, e Díaz Pardo vivió rodeado de un ambiente de gran riqueza cultural. Cuando estalló la Guerra Civil, en 1936, Díaz Pardo estaba estudiando bachillerato en un instituto compostelano. Un día su padre desapareció, y aunque nadie en la familia quería reconocerlo, todos sabían que era muy posible que hubiera sido asesinado. En los talleres de Bíaz Baliño habían tenido lugar actividades muy poco acordes con el llamado espíritu nacional: por ejemplo, allí se había confeccionado casi toda la propaganda en la campaña del plebiscito de autonomía. Aconsejados por otros parientes, Antonia Pardo y sus dos hijos (Isaac y Mercedes) se trasladaron a La Coruña. A los pocos días de llegar, Antonia sufrió una extraña pérdida de consciencia que bloqueó su mente. Dos días después se confirmaba oficialmente a la familia que Camilo Díaz Baliño ha sido fusilado.

 Díaz Pardo era sólo un adolescente, huérfano de padre y con una madre disminuida. La familia vivía prácticamente escondida en un piso de la coruñesa Plaza de Pontevedra, propiedad de Indalecio Díaz Baliño. Díaz Pardo recuerda que, a través de las cortinas de la casa, veía los desfiles triunfales de aquella época. Cuando, ya bien entrado 1937, el ambiente se relajó un poco, Díaz Pardo decidió ponerse a trabajar para ayudar al sostenimiento de su familia, y encontró un empleo como peón en un taller de pintura industrial. Aquella labor poco tuvo que ver con el trabajo creativo que desarrollaba su padre en el taller de la Casa da Tumbona, donde diseñaba escenarios para el teatro. Pero, incluso en aquel ambiente, el joven Isaac sintió cada vez con más intensidad la atracción por los colores. El 1938 recibió otro duro golpe: su madre, que no había recobrado la consciencia desde su ataque cerebral, murió en A Coruña. Un año más tarde, ya terminada la guerra, Díaz Pardo ingresó en la Academia de San Fernando y se trasladó a vivir a Madrid. Allí pudo desarrollar todo el talento que hasta entonces había tenido que reprimir. Pero, y aunque sentía que aprendía cada día, pasó también por una época de penuria económica. La vida en el Madrid de posguerra era muy cara, y su existencia estaba llena de privaciones. Pero su sacrificio se vio recompensado ese mismo año, cuando inauguró en La Coruña su primera exposición en la Asociación de Artistas. Algunos críticos empezaron a hablar de él como un joven muy prometedor.

En 1949 comenzó para Isaac una nueva etapa en su carrera artística, al hacerse cargo de la dirección en la Fábrica de Cerámicas de El Castro situada en Sada (La Coruña), donde fue el propio Isaac quien diseñó y decoró muchas de las piezas que producía la factoría, algunas auténticas obras de arte que se convirtieron pronto en objeto de deseo de los coleccionistas.

Díaz Pardo siguió pintando, pero al mismo tiempo comenzó a plantearse de verdad su papel como pintor, ya que creía que se estaba aburguesando, convirtiéndose en una especie de mercenario del arte. Empezó a dar vueltas a la idea de abandonar la pintura en beneficio de otras actividades que se acercasen más a su concepto del arte. En 1955 viajó a Argentina, donde puso en marcha la factoría de cerámica de La Magdalena, que gestionaría en persona durante varios años y que contó con el apoyo del Gobierno de la provincia de Buenos Aires.

 En esa época, sus pinturas y dibujos reflejan cada vez más una conciencia social y una honda preocupación por los problemas del pueblo gallego. En tierras de ultramar tomó contacto con la Galicia de la emigración, y colaboró con la revista Galicia emigrante.  En esa época vivía prácticamente a caballo entre Galicia y Argentina, y sus escritos se distribuían a uno y otro lado del Atlántico. No siempre fueron bien recibidos; el espíritu contestatario de Díaz Pardo se refleja, por ejemplo, en su libro Discurso sobre organización de industrias manufactureras, que fue publicado en La Coruña en 1960 y secuestrado poco después de salir a la calle. En él, y según sus propias palabras, intentaba formar “una conciencia industrial en Galicia”. No sería el último de sus problemas con la censura, que ya había secuestrado un libro ilustrado por él (Espántapajaros, de Tomás Barros, cuyos originales fueron destruidos) y que en 1966 perseguiría el libro Galicia hoy, escrito en colaboración con Luis Seoane, donde se ofrece otro punto de vista sobre la Guerra Civil y la situación del país que difieren mucho de la “historia oficial”.

 En 1963 tuvo lugar otro acontecimiento importante en la vida de Díaz Pardo, pues Seoane le propuso implicarse en la creación del Laboratorio de Formas de Galicia, cuyo principal proyecto es la restauración de la Fábrica de Cerámicas de Sargadelos. Díaz Pardo se entusiasmó con la idea, pues este proyecto aunaba todas sus aspiraciones como artista, ya que implicaba también la gestión de una pequeña editorial (Ediciones do Castro) y del Museo Carlos Maside. En 1970, el arquitecto Andrés Fernández Albalt diseñó y ejecutó el edificio que albergaría la Fábrica de Sargadelos situada en Cervo (Lugo), dando a su proyecto un aire de absoluta modernidad, con un diseño arriesgado, innovador y rupturista, ya que no parecía una fábrica, sino un gigantesco taller de arte.

Era exactamente lo que Díaz Pardo esperaba para la factoría que empezaba a dirigir, y que acabaría siendo declarado Conjunto Histórico Artístico. Pero Isaac quería que Sargadelos fuese algo más que una fábrica de cerámica, quería que se convirtiera también en un centro de investigación, para lo cual creó en 1972 el Seminario de Estudios Cerámicos de Sargadelos, que celebra todos los veranos unas jornadas en las que se dan cita estudiantes de la cerámica y expertos en la materia llegados de todas partes del mundo.

 Bibliografía:

-http://www.luisseoanefund.org/fundacionls/es/luisseoane

-http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=diaz-pardo-isaac

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